Entre el 8 y el 13 por ciento de la población mundial es zurda, una condición humana caracterizada por el dominio de la mano izquierda que la ciencia ha estudiado ampliamente sin atribuirla a un solo factor determinante. En el marco del Día Internacional de la Zurdera, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señalaron que en esta preferencia manual intervienen factores genéticos, hormonales y ambientales, registrándose una mayor prevalencia en hombres y sumando cerca de 13 millones de personas en el país.
Bases genéticas, hormonales y la influencia del entorno
Desde el ámbito de la genética, la investigación neurocientífica ha identificado genes recesivos como el LRRTM1 y el PCSK6 que contribuyen a la predominancia izquierda. No obstante, los especialistas advierten la ausencia de un modelo hereditario lineal, pues en gemelos idénticos existe hasta un 18 por ciento de probabilidad de que uno resulte diestro y el otro zurdo. Asimismo, se plantea la hipótesis de que un mayor nivel de testosterona en etapa prenatal podría desacelerar el desarrollo del hemisferio cerebral izquierdo, provocando que el hemisferio derecho compense esa función y favorezca el uso del lado izquierdo del cuerpo.
A la par de los elementos biológicos, el entorno social ejerce un peso determinante en la consolidación de la lateralidad. Los neurocientíficos de la UNAM diferencian entre la zurdera natural, de origen puramente fisiológico, y la adquirida o secundaria, desarrollada como una adaptación compensatoria ante condiciones médicas o lesiones tempranas. Por otra parte, la ciencia ha descartado mitos del pasado que asociaban esta condición con traumas al nacer por el uso de fórceps o con determinismos raciales.
Procesamiento cerebral y ventajas en la vida cotidiana
A nivel neuroanatómico, el control motriz de la mano dominante en las personas zurdas reside en el hemisferio cerebral derecho, a diferencia de la población diestra, organizada mediante el hemisferio izquierdo. Esta configuración, sumada a la necesidad constante de interactuar en un entorno diseñado para diestros, estimula una mayor neuroplasticidad. Dicha flexibilidad permite a las personas zurdas desarrollar una habilidad superior para el uso ambidextro y una adaptación más ágil ante la pérdida temporal de la extremidad principal.
Esta particularidad motriz y cognitiva se traduce en ventajas tácticas comprobadas dentro del ámbito deportivo. En disciplinas de alta exigencia como el fútbol, el tenis o el béisbol, los atletas zurdos suelen obtener un rendimiento destacado, debido principalmente a que los competidores diestros no están habituados a reaccionar ante los ángulos de ataque y esquemas de movimiento opuestos.

