La Ópera Metropolitana (Met) de Nueva York marcó un hito en su historia cultural al montar El último sueño de Frida y Diego, una producción compuesta por Gabriela Lena Frank y cantada íntegramente en español. El barítono español Carlos Álvarez, encargado de dar vida al muralista Diego Rivera, celebró la apertura de la institución neoyorquina al considerar los escenarios como espacios de libre disposición indispensables para la libertad de pensamiento.
La obra, que concluye su ciclo este sábado con una transmisión satelital en vivo hacia el Auditorio Nacionala las 11:00 horas, ha convertido a Nueva York en el epicentro de un fenómeno cultural dedicado a las figuras de Kahlo y Rivera, el cual se complementa con exposiciones en el Museo de Arte Moderno (MoMA) y encuentros comunitarios.
Reivindicación de lo hispano frente al contexto político
La puesta en escena adquiere una fuerte dimensión política y social debido al contexto migratorio e identitario que atraviesa Estados Unidos. Los creadores destacaron la relevancia de que el español tome un papel protagónico en una institución de este calibre durante el mandato de la segunda administración de Donald Trump, cuyas directrices gubernamentales han restringido el uso institucional del idioma y marginado las manifestaciones de la comunidad hispana.
El diseño artístico y conceptual de la ópera se fundamenta en los siguientes puntos clave:
- Compromiso social en escena: El libreto recupera el activismo político de los pintores, plasmando su pensamiento poético mediante cantos que remiten a Tenochtitlán y a la defensa de los sectores desprotegidos.
- Vocalidad con temperamento: La composición optó de forma deliberada por tesituras graves —con Álvarez en el rol de Diego y la mezzosoprano Isabel Leonard como Frida— para reflejar el carácter fuerte, veraz y confrontativo de los personajes reales.
- Mensaje de concordia: Durante el encuentro con la prensa mexicana, Carlos Álvarez ofreció disculpas públicas a nombre de su país por el comportamiento «bochornoso» de una figura política española ocurrido días atrás en México, deslindando las opiniones de la mayoría de sus compatriotas.
Una puesta en escena mítica y surrealista
La dirección escénica y coreográfica de la producción estuvo a cargo de la creadora brasileña Deborah Colker, quien puntualizó que el proyecto se distancia de los formatos biográficos tradicionales para concentrarse en una narrativa mítica enfocada en la historia de amor real de la pareja y la atemporalidad de su legado.
Para consolidar la atmósfera de la ópera, Colker realizó una profunda investigación de campo en México que incluyó su participación en las festividades del Día de Muertos. Esta experiencia le permitió levantar el libreto y el diseño de los escenarios en torno a tres planos conceptuales diferenciados: el mundo real, el submundo de los muertos y el universo artístico. La propuesta estética recurre al lenguaje del surrealismo para ilustrar cómo la identidad mexicana conecta las tradiciones populares con el arte universal.
