El gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, anunció que a partir del 29 de septiembre prohibirá la importación de productos lácteos, motocicletas, motonetas, melazas y la mayoría de las bebidas alcohólicas procedentes de Canadá. Esta medida fue tomada horas después de que entraran en vigor los aranceles de represalia canadienses aplicados a 20 mil millones de dólares en mercancías estadounidenses, como acero, aluminio, electrodomésticos y equipos agrícolas.
Adicionalmente, la administración estadounidense ordenó a la Administración de Servicios Generales (GSA) excluir a las empresas y productos canadienses de grandes contratos gubernamentales a largo plazo. Washington condicionó el acceso a estos contratos a que Ottawa otorgue una «reciprocidad plena y justa» para las exportaciones estadounidenses, intensificando el conflicto comercial originado tras el colapso de las negociaciones bilaterales.
Estrategia de diversificación e integración con la Unión Europea
El primer ministro canadiense, Mark Carney, reaccionó ante las represalias afirmando que la era de depender económicamente de un solo socio comercial ha llegado a su fin. Carney acusó a la administración de Trump de buscar subordinación en lugar de una alianza equitativa, denunciando presiones sobre el sector siderúrgico, forestal y las protecciones culturales de su país. Como parte de su estrategia, Canadá acelerará la inversión interna para duplicar sus exportaciones hacia otros mercados en la próxima década.
En este contexto de distanciamiento, el gobierno canadiense inició consultas para profundizar sus lazos con la Unión Europea (UE). Carney viajará a Estrasburgo, Francia, para asistir al discurso sobre el Estado de la Unión Europea presentado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 16 de septiembre, y posteriormente ofrecerá un discurso ante el Parlamento Europeo el 17 de septiembre.
Impacto bilateral y postura de las provincias
La tensión económica ha estado acompañada de un deterioro diplomático provocado por los comentarios de Trump sobre una eventual anexión de Canadá. En respuesta, provincias canadienses han retirado licores estadounidenses de sus anaqueles, mientras que ciudadanos han iniciado boicots a productos y viajes hacia Estados Unidos. El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, anunció la colocación de letreros en los pasos fronterizos reafirmando la soberanía de la nación.
Pese a que el ministro de Comercio Canadá-Estados Unidos, Dominic LeBlanc, mantiene contacto con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, analistas destacan que ninguna de las partes muestra prisa por reanudar formalmente las negociaciones para evitar proyectar debilidad ante la opinión pública.

