Tras modificar la perspectiva de la calificación soberana de México de «estable» a «negativa», Standard and Poor’s (S&P) replicó esta acción sobre las principales empresas estatales, gobiernos subnacionales e instituciones financieras del país. Esta decisión advierte sobre una posible baja de calificaciones en un plazo de 12 a 24 meses.
Impacto en el Sector Energético
S&P ajustó la perspectiva de Pemex y la CFE, incluyendo a sus subsidiarias clave como Deer Park y CFE Fibra E.
- Insostenibilidad de Pemex: Aunque se mantiene el respaldo del gobierno de Claudia Sheinbaum, el perfil individual de la petrolera se ubica en CCC+. La calificadora calificó su estructura de capital como «insostenible» debido a su débil liquidez y alto apalancamiento.
- Dependencia del Gobierno: La nota de Pemex depende casi totalmente de la expectativa de apoyo extraordinario de la Secretaría de Hacienda ante escenarios de estrés financiero.
Gobiernos Locales y Sector Bancario
La revisión afectó a administraciones con finanzas históricamente sólidas debido a su vínculo con la nota soberana del país:
- Estados y Municipios: Se cambió la perspectiva a negativa para el municipio de Querétaro, así como para los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y Nuevo León.
- Instituciones Financieras: El ajuste alcanzó a la banca de desarrollo (Nafin, Bancomext, Banobras) y a los principales bancos comerciales del país, incluidos BBVA, Banorte, Banamex, HSBC e Inbursa, además del IPAB.
Riesgos Detectados por S&P
La calificadora señaló tres factores principales para este movimiento:
- Lento crecimiento económico: Un desempeño menor al esperado para la economía mexicana.
- Rigidez del gasto: Los crecientes apoyos fiscales que requieren Pemex y CFE limitan el margen de maniobra del presupuesto federal.
- Déficit fiscal: La materialización de pasivos contingentes y el alto nivel de gasto público presionan la estabilidad crediticia de la nación.
Nota: S&P destacó que Pemex recibió cerca de 69,800 millones de dólares del gobierno entre 2019 y 2025, una tendencia que parece continuar pero que genera presiones adicionales a la deuda del país.
