Los Museos Capitolinos de Roma, en su sede de la Villa Caffarelli, inauguraron formalmente la exposición «Diego Rivera y la construcción del arte moderno en México en el siglo XX». La muestra, compuesta por 145 obras, marca un punto de inflexión en la diplomacia cultural del Estado mexicano al privilegiar un modelo de cooperación público-privada, donde el protagonismo operativo recae en acervos particulares respaldados por instituciones de ambos países.
El proyecto es impulsado directamente por el Museo Kaluz en alianza con la Associazione MetaMorfosi, contando con el aval de la Secretaría de Cultura federal y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal). La curaduría estuvo a cargo de los especialistas Miguel Fernández Félix y Alberto González Torres.
Alianzas coleccionistas y reconocimientos diplomáticos
A diferencia de las macromuestras estatales del siglo pasado, esta exhibición articula una visión más íntima y de alta calidad estética basada en piezas que rara vez se exhiben en público. Entre los fondos privados y fundaciones que prestaron obra para el montaje destacan:
- Colecciones particulares: Andrés Blaisten, Juan Antonio Pérez Simón y Manuel Reyero.
- Instituciones asociadas: Fundación Robert Brady y el Museo de Arte del Estado de Veracruz.
En el marco de la apertura, la Embajada de México en Italia, encabezada por el embajador Genaro Lozano, distinguió a los organizadores. Entre los galardonados sobresalió Armando Colina, cofundador de la Galería Arvil, quien a sus 91 años fue reconocido por su trayectoria en la proyección internacional del patrimonio nacional. Asimismo, se destacó la reciente fundación del Instituto Cultural de México en Italia «Tina Modotti», dirigido por Mónica de la Mora.
Reivindicación de la etapa europea y el cubismo de Rivera
La cuarta parte del recorrido expositivo se concentra en la etapa formativa de Diego Rivera en Europa, un periodo clave que la historiografía oficialista solía relegar frente al discurso puramente nacionalista. La exhibición demuestra cómo los artistas mexicanos asimilaron las vanguardias sin ser meros imitadores:
- Rivalidad con Picasso: Entre 1913 y 1917, Rivera produjo más de un centenar de obras adscritas al cubismo, posicionándose como figura central de la vanguardia parisina pese a los prejuicios y comentarios racistas de críticos locales como el poeta Pierre Reverdy.
- Diálogo fotográfico: Las pinturas y grabados del guanajuatense dialogan con las célebres capturas de Tina Modotti, encargada de documentar la realización de murales históricos en la Secretaría de Educación Pública, sumando registros audiovisuales del ciclo Corrido de la Revolución (1923-1928).
Estructura temática de la exhibición
La narrativa curatorial derriba el mito de que la identidad gráfica posrevolucionaria nació de una ruptura abrupta, planteándola en cambio como una evolución académica estructurada en cuatro núcleos:
| Núcleo Temático | Eje de Análisis Histórico | Exponentes / Referencias |
| Tradición Académica del S. XIX | El paso de artistas mexicanos por Roma que sembró la transición hacia el mestizaje visual. | Juan Cordero y José Salomé Pina. |
| Vanguardia y Cubismo | Asimilación de la estructura formal geométrica en los talleres de París. | Diego Rivera (etapa 1913-1917). |
| La «Segunda Academia» | El viaje de Rivera por Italia (1920-1921), donde descubrió la unidad entre el arte y la vida comunitaria. | Influencia del fresco renacentista. |
| Muralismo e Identidad | Integración de las técnicas europeas con las raíces indígenas y populares de México. | Registros de murales de la SEP. |
Con los ensayos críticos de investigadoras como Angélica Velázquez Guadarrama y Sandra Zetina plasmados en el catálogo oficial, la exposición propone a la sociedad europea una lectura renovada de la modernidad mexicana, entendiéndola no como un fenómeno aislado, sino como el resultado de un sofisticado proceso de apropiación e intercambio cultural global.
