La decisión de no tener descendencia entre la población joven de México responde principalmente a factores estructurales de carácter económico, laboral y social, más que a una simple ausencia de deseo por conformar un núcleo familiar. De acuerdo con Luz María Galindo Vilchis, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las nuevas generaciones enfrentan un entorno hostil que dificulta e imposibilita la planificación de un proyecto de crianza.
Esta situación pone de manifiesto que las críticas de ciertos sectores sociales, que califican a los jóvenes de forma peyorativa, ignoran las desigualdades materiales que condicionan sus decisiones de vida.
La brecha económica y la precariedad en el mercado laboral
El principal obstáculo para la planeación familiar radica en la contradicción de tener un empleo remunerado que, sin embargo, resulta insuficiente para cubrir el costo de la vida y el sostenimiento de dependientes económicos. El panorama laboral actual se define por tres factores críticos:
- Bajos ingresos: Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) posicionan a México como uno de los países con las jornadas laborales más extensas pero con las peores remuneraciones. El ingreso promedio anual en el país es de 16 mil 230 dólares, una cifra drásticamente inferior al promedio de la organización, que se ubica en 49 mil 165 dólares.
- Vivienda inaccesible: El encarecimiento de los arrendamientos y de los créditos inmobiliarios impide que los jóvenes logren la emancipación habitacional, obligándolos a compartir vivienda (roomies) o a prolongar su estancia en el hogar paterno.
- Movilidad urbana deficiente: Los tiempos de traslado en las grandes urbes, que llegan a sumar hasta seis horas diarias, reducen de forma drástica el tiempo disponible para la convivencia y las tareas de cuidado.
Transformación del concepto de familia y barreras de inclusión
A la par de las limitaciones económicas, la estructura familiar tradicional ha dado paso a una pluralidad de configuraciones afectivas y legales respaldadas por registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Hoy en día se reconocen hogares integrados por abuelos y nietos, familias monoparentales, extensas y uniones poliamorosas donde la crianza se distribuye entre tres o más adultos.
Para la comunidad LGBTQ+, las intenciones de procrear o adoptar enfrentan barreras burocráticas y financieras adicionales:
| Población / Configuración | Métodos de Acceso a la Paternidad | Principales Obstáculos Detectados |
| Parejas de hombres | Gestación subrogada o adopción institucional. | Procesos de adopción lentos en CDMX (se extienden por años); migración de trámites a estados como Morelos. |
| Parejas de mujeres | Métodos de reproducción asistida y esquemas de co-maternidad. | Requieren de una sólida estabilidad financiera previa para alternar jornadas laborales y cuidados. |
El reto de las políticas públicas y los cuidados
La ausencia de un sistema nacional de cuidados accesible y de guarderías viables agrava la problemática, ya que el costo de contratar asistencia privada resulta prohibitivo para la mayoría de los trabajadores. La especialista de la UNAM concluye que el fenómeno actual no es un rechazo de origen cultural hacia la familia, sino un reflejo de la falta de voluntad política para legislar en favor de empleos dignos, esquemas de vivienda accesibles y centros laborales cercanos a los hogares que permitan conciliar de forma real la vida profesional con la personal.
