Al menos 1.5 millones de niñas, niños y adolescentes en México viven con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). A pesar de su alta incidencia, especialistas advierten que la condición padece un elevado subdiagnóstico que se extiende hasta la edad adulta, donde se estima que menos del 0.5% de la población afectada recibe un tratamiento farmacológico adecuado frente a una prevalencia real de entre 2.5% y 4%.
Durante una conferencia de prensa, el psiquiatra y neuropsiquiatra Edilberto Peña de León enfatizó que el TDAH no se limita al rendimiento en las aulas, sino que representa una condición del neurodesarrollo que repercute de forma permanente en los ámbitos laboral, social y familiar.
Desafíos en la detección y evaluación clínica
El especialista puntualizó que la falta de herramientas biológicas directas complica la identificación temprana del padecimiento en los pacientes:
- Ausencia de marcadores biológicos: El diagnóstico no puede determinarse mediante análisis de laboratorio, por lo que depende de una valoración clínica especializada a cargo de psiquiatras, neurólogos o neuropediatras desde los cinco años de edad.
- Detección en la etapa universitaria: Muestra de la falta de identificación oportuna es una investigación en 1,837 universitarios mexicanos que reveló una prevalencia del 16.2% de personas que alcanzaron el nivel superior sin un diagnóstico previo.
- Consecuencias del diagnóstico tardío: La postergación de la atención clínica suele generar la acumulación de fracasos académicos, baja autoestima, problemas de adaptación e inestabilidad laboral.
Abordaje terapéutico e intervenciones médicas
Una vez confirmada la presencia del trastorno mediante la evaluación de conductas de inatención, impulsividad e hiperactividad, el manejo médico debe ser individualizado:
- Enfoque integral: El tratamiento combina estrategias psicoeducativas, acompañamiento psicológico y terapia farmacológica en los casos que así lo requieran.
- Opciones farmacológicas: Entre los medicamentos prescritos destacan el metilfenidato y la lisdexanfetamina. En el caso de esta última, por ser un profármaco que se activa en la sangre de manera gradual, permite un control prolongado de los síntomas con una sola dosis diaria.

